Un medallón de esmeralda tallada en forma de media luna, encargado a Cartier en 1931, desapareció hace casi un siglo. Nadie sabe dónde está, ni quién lo ocultó, ni por qué.

Luis Ariosto recibe el encargo de investigar unos versos manuscritos hallados en el reverso de un mural de Néstor Martín Fernández de la Torre. Lo que parece un simple enigma literario se convierte pronto en algo mucho más profundo.

La periodista Sandra Clavijo se ve envuelta, sin quererlo, en la muerte de un colega mejicano y en la persecución de unos códigos que podrían poner en peligro la seguridad de varias naciones. A partir de ese momento, su vida ya no le pertenece del todo.

Amanda Seinfeld, investigadora de arte neoyorquina, llega a Canarias siguiendo el rastro de unas joyas falsificadas. Su búsqueda y la de Ariosto terminan cruzándose en el momento menos esperado.

Mientras tanto, bajo el suelo del Real Casino de Tenerife aparece un brazo momificado con una inscripción que nadie esperaba encontrar. El hallazgo reabre heridas históricas y desata una disputa entre instituciones que no están dispuestas a ceder.

Cuatro tramas. Un mismo instante. Y un secreto que lleva casi cien años esperando ser descubierto.

CÓMO SE HIZO

La figura del pintor Néstor Martín-Fernández de la Torre es bien conocida en Canarias. En Tenerife tenemos la suerte de contar con dos de sus obras más espectaculares: La Alegoría del Mar y la de La Tierra, ambas en el salón principal del Real Casino. Y el edificio donde se encuentran, ideado por su hermano Miguel, es una joya del racionalismo del primer tercio del siglo XX. Recorrer el edificio y contemplar las pinturas ha servido de inspiración para esta novela.

Quise redactar una historia de misterio y suspense en este ambiente, y al investigar la biografía del pintor, apareció su amistad con dos figuras de su tiempo que me cautivaron. Por un lado, Anita Delgado, la maharaní de Kapurtala. Una malagueña que enamoró a un príncipe indio, y a la India se fue con él. Con los años, volvió y se estableció en París, donde conoció a Néstor. Sus joyas eran deslumbrantes y su vida ocupó páginas incontables en las revistas de actualidad.

Y por otro, la amistad que el pintor profesó a los miembros de la Generación del 27, con genios de la talla de García Lorca, Dalí, Alberti y otros muchos. Pero me quedo con la de Lorca a raíz del descubrimiento fortuito que hice de un poema dedicado a nuestro pintor, en el que versos de una inspiración increíble unían a estos dos genios. El título de la novela se basa en uno de ellos, que no es inédito, pero sí desconocido para muchos.

Así, el nexo de unión en la ficción de esta novela es doble: un medallón perdido que perteneció a Anita y que una investigadora busca sin cesar. Y unos versos de autor desconocido que intrigan a Ariosto y le obligan a bucear en un pasado literario desconocido.

Sandra Clavijo, la periodista, vuelve a meterse en un lío mayúsculo a raíz de recibir un enigmático correo con repercusiones internacionales insospechadas. Necesitará la ayuda del inspector Galán y de sus amigos para afrontarlo ante unas fuerzas de origen lejano que amenazarán gravemente su vida cotidiana.

La aparición de agentes israelíes en Canarias, muy de ficción, es también posible, ¿por qué no?, en este mundo actual lleno de amenazas e incertidumbres. Por fortuna, no hay noticias de que un comando del Mossad haya desembarcado en Canarias hasta hoy, pero habrá que estar atentos, por si acaso. Los datos de los millones de turistas que nos visitan son reales, y no pasan más cosas porque la providencia así lo quiere.

Y la última trama, escrita con algo de maldad, plantea en fondo de humor las peleas institucionales por un objeto histórico, el brazo de Nelson, cuya posesión es codiciada por todos, cada uno con una motivación distinta. Y plantea la cuestión de dónde acabaría si algo así apareciera.

PERSONAJES

ESCENARIOS

El instante soñado

1.- Edificio del Real Casino. Santa Cruz de Tenerife.

Edificio del Real Casino. Santa Cruz de Tenerife.

Capítulo 36. 1935. Al anochecer, la ciudad se vistió de gala como pocas veces se había visto. Las luces eléctricas recorrían la fachada del flamante edificio del Real Casino, obra del arquitecto Miguel Martín-Fernández de la Torre, y convertían el corazón de la ciudad en un faro de modernidad y elegancia frente al Atlántico.

Coches y carruajes desfilaban por la calle de La Marina. En la puerta principal de la plaza de la Candelaria, una alfombra roja guiaba a los casi dos mil invitados que, entre murmullos de expectación, accedían al interior. Damas con vestidos largos de seda y encaje, caballeros de esmoquin o frac, autoridades insulares al frente: gobernador civil, alcalde, presidentes de cabildo y la flor y nata de la burguesía tinerfeña. El aire llegaba cargado de salitre y del perfume de las flores frescas.

En el Gran Salón, de doble altura y amplias proporciones, los murales de Néstor Martín Fernández de la Torre —El Mar y La Tierra— ya dominaban las paredes con sus colores y motivos canarios. La iluminación funcional y moderna realzaba los espacios sobrios, los suelos de madera brillante y los ventanales que se abrían a las plazas de España y de la Candelaria y a la calle San José.

El instante soñado

2.- Salón principal del Real Casino.

2.- Salón principal del Real Casino.

Capítulo 26. 1934. Al llegar al gran salón de baile, Miguel se detuvo. La estancia era inmensa y todavía olía a cal fresca y a madera barnizada. Las ventanas altas dejaban entrar una luz dorada de media tarde y dos grandes espacios en lo alto de las dos paredes principales enfrentadas esperaban los murales.

Néstor se detuvo en el centro de la sala vacía. Giró lentamente sobre sí mismo, observando las proporciones, la luz, la acústica que ya se intuía.

—Es más grande de lo que imaginaba —murmuró—. Has conseguido que parezca ligero. No es fácil en una sala de estas dimensiones.

El instante soñado

3.- La alegoría del Mar

3.- La alegoría del Mar

Capítulo 16.- 1932. —Esta es la Alegoría del Mar. Va a ocupar la pared más cercana a la entrada. Quiero que sea el centro de todo. El mundo del mar y de los hombres que lo trabajan con toda su fuerza. Imagínate un desfile de marineros musculosos, casi como semidioses, cargando una gran barca sobre los hombros. Esa barca es el eje de toda la composición. A su alrededor, otros hombres llevan nasas, y las mujeres, pescadoras fuertes y hermosas, cargan cestas y bandejas con los frutos del mar. El océano está, y aunque no se le ve, se le presiente. Quiero que todo sea mítico, canario, eterno.

El instante soñado

4.- La alegoría de la Tierra.

4.- La alegoría de la Tierra.

Capítulo 16.- 1932. —Y en la pared opuesta irá la Alegoría de la Tierra. También como tríptico. En el centro, una escena de romería: mujeres montadas en camellos, conducidas por labriegos con la manta esperancera. Hombres y mujeres isleños trabajando la tierra, dragos, flora canaria… todo elevado a símbolo. La Tierra como madre que sostiene y complementa al Mar. Quiero que los dos murales se hablen y se respondan: Mar y Tierra, los dos elementos fundamentales de nuestras islas.

El instante soñado

5.- Salón Real del Casino.

5.- Salón Real del Casino.

Capítulo 63.- Dayan dedujo que la estancia al otro lado de la puerta se orientaba al este, enfrentando la plaza de España, y consideró que era buena dirección para despistar a sus posibles perseguidores. La abrió y se encontró con un salón grande alargado con librerías de madera y cristal llenas de ejemplares antiguos. En el centro, un grupo de personas, de pie, rodeaban una mesa y parecían enfrascados en un objeto y diversa maquinaria expuestos sobre ella.

El instante soñado

6.- El museo Néstor. Las Palmas de Gran Canaria.

6.- El museo Néstor. Las Palmas de Gran Canaria.

Capítulo 46.- … y a la derecha, el Museo Néstor. De este último llamaba la atención la imponente entrada de piedra negra de dos alturas. Sobria y seria, muy años cincuenta, su austeridad contrastaba con los colores vivos de la obra del pintor. «Eran otros tiempos», pensó Amanda, recordando que el edificio se dedicó a museo unos veinte años después de la muerte del artista (…). El interior era espacioso, con mucha luz. Un suelo brillante de color granate rodeaba una estrella en el centro de una sala grande que hacía de distribuidor, donde destacaba un piano centenario en medio de todo.

Había preguntado por el director en la entrada y le habían pedido que esperara allí. Un cuadro de tamaño enorme de un rey, Alfonso XIII, a su izquierda, y una pintura de dos amantes retozando detrás del piano le dieron la bienvenida. Otras salas al fondo y en el piso superior la atraían como el canto de las sirenas, pero se obligó a quedarse donde estaba.

El instante soñado

7.- Casa de Adela. Calle Numancia.

7.- Casa de Adela. Calle Numancia.

Capítulo 8.- —¡Llegas justo a tiempo para tomar el té! —exclamó Adela Cambreleng al abrir la puerta de su casa, sita en el tercer piso de la esquina de 25 de Julio con Numancia, una encantadora vivienda con vistas al parque García Sanabria, decorada con colores vivos y fiel exponente de la jovialidad con la que se tomaba la vida.

El instante soñado

8.- Plaza de los Patos. Barrio de los Hoteles.

8.- Plaza de los Patos. Barrio de los Hoteles.

Capítulo 73.- El lugar era una casona en un barrio repleto de mansiones de hace más de cien años que se concentraban en torno a una plaza, la del 25 de julio. Rememoraba la fecha del ataque del almirante Nelson, según una señora que esperaba el autobús —llamado guagua por ella—, aunque, en realidad, todo el mundo denominaba el lugar plaza de los Patos, a pesar de que solo hubiera un cisne en el centro de la fuente. Shamir, que fue el que recabó esos datos, no intentó comprender a los vecinos locales. En su barrio de Harova Hayehudi, en Jerusalén, pasaban cosas todavía más descabelladas.

El instante soñado

9.- Cena en Casanova. 1927

9.- Cena en Casanova. 1927

Capítulo 6.- Aquella noche era el organizador de una cena íntima en el restaurante Le Casanova, un reducto eslavo regentado por nobles u oficiales de alto rango de la extinta Rusia Imperial en la capital francesa, y recibió con los brazos abiertos al pintor consagrado y al joven músico.

El instante soñado

10.- Galería Fígaro. París. Años 30.

10.- Galería Fígaro. París. Años 30.

Capítulo 11.- El Hôtel du Figaro era un edificio imponente de piedra clara con fachada neoclásica en la que destacaban grandes ventanales. Constaba de una planta baja comercial —donde se encontraba la galería abierta al público como espacio de muestras colectivas rotativas— y varios pisos.

El espacio de exposición era funcional y elegante, con suelos de madera y altas paredes de las que colgaban los cuadros, iluminados por la luz de la calle que se filtraba a través de los ventanales. El ambiente era sobrio pero con prestigio, ideal para exposiciones discretas de artistas extranjeros.

El instante soñado

11.- Promenade de Biarritz.

11.- Promenade de Biarritz.

Capítulo 74.- La tarde caía sobre la playa y el aire fresco del océano daba un respiro a los veraneantes tras varios días de calor sofocante. Los bañistas estaban de retirada y las casetas redondas terminaban de vaciarse. Los visitantes recorrían la Promenade de la Grande Plage y se detenían a ver la caída del sol delante del enorme palacio municipal bajo los toldos que protegían las terrazas.

El instante soñado

12.- Estudio de Néstor en Madrid.

12.- Estudio de Néstor en Madrid.

Capítulo 87.- Entraron todos. El estudio olía a trementina y a barnices compuestos. Apoyado contra la pared, estaba el Amanecer del Atlántico, una de las obras más queridas del maestro, a la que le había puesto un precio imposible para que no hubiera comprador. Salvador se quedó plantado delante, sin decir nada, que en él era la forma más alta de admiración.

El instante soñado

13.- El medallón de Anita Delgado.

13.- El medallón de Anita Delgado.

Capítulo 7.- —Sí, lo que está buscando es un conjunto con una piedra central, una esmeralda de gran tamaño y calidad excepcional, tallada en forma de media luna —un símbolo de la cultura india y musulmana, asociado a la protección y a la buena suerte—. En suma, una piedra antigua, posiblemente de origen hindú o islámico-mogol, con connotaciones religiosas, por no decir mágicas.

—Exactamente —reconoció Fitzgerald, asombrado—. No podría describirla mejor.

—La esmeralda está engarzada en un marco de diamantes antiguos, denominados old-cut, tallados en formas abiertas y elaboradas, con un diamante marquise en forma de gota, suspendido en la parte inferior como un péndulo. El conjunto está montado en platino, típico de la Belle Époque, con un diseño elegante y fluido que mezcla influencias europeas del Art Nouveau y orientales.